Es una condición en la que la córnea se adelgaza y adopta una forma de cono, provocando visión distorsionada, sensibilidad a la luz y dificultad para enfocar. Es una enfermedad progresiva que, detectada a tiempo, puede tratarse eficazmente.




Actualmente, no existe una cura definitiva que revierta la deformación de la córnea a su estado original. Sin embargo, gracias a los avances médicos, el Queratocono sí se puede controlar y detener eficazmente en la mayoría de los casos. El objetivo primordial del tratamiento es frenar su progresión para preservar la mejor visión posible.
Los síntomas más comunes son visión borrosa o distorsionada, aumento de la sensibilidad a la luz (fotofobia), y ver halos o deslumbramientos. La única forma de confirmar si sus síntomas son causados por Queratocono es a través de un examen oftalmológico especializado, que incluye estudios avanzados como la topografía corneal.
La detección y el tratamiento oportuno son cruciales porque los procedimientos más efectivos, como el Cross-Linking, funcionan mejor cuando la enfermedad aún no está muy avanzada. Tratarlo a tiempo puede detener su progresión, previniendo un mayor deterioro visual y la necesidad de tratamientos más invasivos en el futuro.
El Queratocono es un trastorno visual en el que la córnea, la capa transparente frontal del ojo, se debilita y adelgaza, adoptando gradualmente una forma cónica e irregular. Es progresivo porque, si no se trata, esta deformación avanza con el tiempo, lo que lleva a un deterioro constante de la visión que no puede corregirse con lentes normales.
En la mayoría de los casos, la detección de Queratocono, incluso en etapas leves, requiere una vigilancia activa y especializada. El tratamiento para detener la progresión (como el Cross-Linking) se recomienda a menudo tan pronto como se confirma el diagnóstico y se evidencia el avance. Esperar puede significar que la córnea se adelgace más, limitando las opciones terapéuticas futuras. Siempre es mejor actuar a tiempo para preservar su visión.